Voy y vuelvo

 

Mini relato de un viaje en un helicóptero militar

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No sé hacerme una trenza.  Lo sé, es vergonzoso. Es una confesión entre mujeres. Lo he intentado de verdad, pero no nací con ese chip, me quedó faltando el gen que me permita hacerme peinados de niña,  razón por la que  me he pasado toda mi vida envidiando profundamente a aquellas mujeres que sin mirarse al espejo pueden peinarse en tres minutos y estar listas.

Estar siempre lista, tener un pié siempre levantado, es toda una destreza que pasa de lo banal a lo vital dependiendo de las circunstancias.   

Voy matizando porque a estas instancias se preguntarán qué tiene que ver una trenza con una misión militar.

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Fotografía Alejandro Ramírez

Para empezar, debo decir que la primera vez que escuché la expresión voy y vuelvo comprendí que sería un término que estaría presente en mi nueva cotidianidad. Mientras me explicaban el asunto, supe que este pequeño detalle me sería muy útil en mi día a día; sobre todo porque pasan los años y aún empaco el armario entero para una salida de fin de semana.

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Fotografía Juan Giraldo

Aprender a empacar, ir liviano de equipaje, llevar lo necesario, esta vez para sobrevivir. Un cambio de ropa máximo para tres días, elementos de aseo y algo enlatado para comer. En el lenguaje militar,  esta forma de empacar la llaman voy y vuelvo. De ahí el título de este artículo.

A las mujeres se nos complica un poco más el asunto: La lista es interminable. Para los militares es más sencillo porque con el camuflado se ahorran aquello de pensar en una prenda extra, y todo se resume en ropa interior y  artículos de aseo personal. La idea es que con esta maleta básica tengas todo lo necesario para pasar sin mayor incomodidad una o dos noches en un lugar en el que no estaba planeado pernoctar.  Si no sucede nada, te devuelves con tu ropa limpia y se acabó el asunto. Como dicen, es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo.

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Fotografía Alejandro Ramírez

Para civiles como nosotros la adaptación no es fácil, y menos de un día para otro. Nunca había pensado que realizar un trabajo como éste me implicaría un cambio radical en el estilo de vida. La forma de pensar cambia totalmente, porque ya aprendes a ver las cosas en términos de practicidad, seguridad y velocidad. Una prenda de vestir por ejemplo es evaluada bajo esos criterios; ya no prima tanto lo estético como lo útil y pasas a evaluarla así: ¿es liviano?, ¿fácil de empacar?, ¿saldría volando con la turbulencia del helicóptero?, ¿la tela es de secado rápido?, ¿es versátil con las condiciones climáticas?

Cosas tan sencillas como aprender a estar lista en minutos porque la prioridad es estar limpia y con el equipaje hecho. El pelo, el maquillaje, el perfume o que la ropa combine pasa a segundo lugar, cuando quizá tengas que desayunar salchichas enlatadas y un poco de agua dos minutos antes de despegar para la próxima misión.

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Fotografía Alejandro Ramírez

Esta experiencia reciente y cercana con la vida militar, me ha enseñado a valorar aún más a estos hombres y mujeres que de manera callada velan por la seguridad de quienes vivimos en la urbe.  Nosotros aún lo vemos como algo lejano, como una aventura de fin de semana, para ellos es su vida diaria. Nosotros no paramos de grabar y tomar fotografías durante cada vuelo (es nuestro trabajo), pero ellos aprovechan para dormir un poco y hacerle una pausa obligada a su acelerada cotidianidad.

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Fotografía Alejandro Ramírez

Me gusta imaginar que con la complicidad del ruido de las hélices dedican un pensamiento a sus familias y seres queridos.

Ellos son cálidos, humildes, generosos, tiernos y con buen sentido del humor. No pierden la alegría y la inocencia a pesar de lo que sus ojos han tenido que ver. Al compartir un viaje con ellos, no puedes dejar de pensar en que han dejado la piel en su deber y lo hacen con sinceridad. Algunos han aprendido el don del silencio y lo guardan con celo. Me pregunto qué les pasará por la mente…

Con orgullo enseñan la foto de su esposa y de sus hijos y hasta hablan de sus sueños y proyectos si regresaran a la vida civil.

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Fotografía Juan Giraldo

Algunos de estos compañeros de viaje este fin de semana empacaron su voy y vuelvo. Su deber es estar siempre preparados, pero tienen la conciencia de que el regreso nunca está asegurado, saben que su misión está por encima de sus deseos. En ella dejan la vida y dejan también el alma. A ellos les sobra valentía, amor, ganas, dominio propio. A mí hasta el pelo me estorba para cumplir a cabalidad la misión más pequeña.

A ellos dedicamos el primer artículo de una aventura que apenas comienza. Nos ha golpeado en lo profundo su partida porque teníamos la ilusión de conocerlos mucho más.

Admiración total y por siempre para todos nuestros militares. Sé que su recompensa será proporcional a su generosidad y quiero tener la fe que desde las grandes alturas que ahora dominan, tendrán la visual más conveniente de lo que es y será esta Colombia que tanto amamos.

¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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